Genealogía del Capitán Don Juan de Dios del Carmen de Ingunza y Basualdo

Introducción.-

Juan de Dios de Ingunza es un pintor peruano de elevados merecimientos en el arte del pincel y el caballete, por la magnífica obra realizada;en el presente trabajo damos a conocer su biografía y buena parte de su obra pictórica, con el objeto de valorizarlo en la dimensión que alcanzó con su propia vocación y esfuerzo. Para tal fin, hemos efectuado una acuciosa investigación bibliográfica, que nos ha permitido llegar a establecer su biografía con suficiente amplitud, así como conocer e identificar buena parte de su obra pictórica existente en la ciudad de Lima y en latitudes que fueron ignoradas hasta ahora. Su genealogía hasta el presente, se ofrece en forma casi completa. Cumplimos así con rescatar del anonimato a uno de los maestros pintores peruanos del siglo XIX, que prestigió al Perú en Europa y fué motivo de orgullo para los huanuqueños y limeños de su generación, que conocieron su arte en Lima y París.

La obra de Juan de Ingunza fué relativamente escasa en número, debido posiblemente a su actividad castrense que le impedía dedicarse plenamente a su arte, sin considerar que por gozar de buena posición social e ingresos suficientes, le era innecesario emplear el arte como fuente importante de su economía; su obra es poco conocida, debido a que sus lienzos rara vez se vendieron y hasta el presente permanecen mayoritariamente en colecciones particulares, a excepción de contadas obras que se exhibieron y aún se exhiben al público en forma permanente.

Muy poco se ha escrito sobre este artista, con el agravante que lo escrito no corresponde a la realidad, y en algunos casos llega a ofenderlo. Para descubrir la verdadera identidad del artista, hemos urgado afanosamente en archivos, bibliotecas y hemerotecas, lo mismo que indagado directa e indirectamente sobre su obra, habiendo logrado encontrar muchas pinturas cuya existencia se desconocía o dábamos por perdidas, lo mismo que descartar algunas obras anónimas que se le atribuían. La pintura de Juan de Ingunza es de la mejor escuela, habiendo llegado a dominar la técnica del claroscuro y el manejo de los colores con singular maestría, pero donde mejor se aprecia su arte es en los magníficos retratos que hizo, donde los rostros adquieren una excepcional capacidad expresiva, además de gran perfección hasta en los mínimos detalles. Posteriormente, en otro capítulo, haremos la descripción de cada uno de los cuadros encontrados y trataremos in extenso sobre su obra pictórica.

Juan de Ingunza tuvo sólo una hija llamada María Lucrecia, habida con doña María Manuela Bautista Vargas, natural de Lima; sin embargo, padre e hija sólo pudieron unirse cuando ella contaba 16 años de edad, aunque se volvieron compeñeros inseparables hasta la muerte del pintor, seis años después. Su hija le dió 8 nietos y éstos 34 bisnietos, 94 tataranietos y más de 175 chosnos hasta 1990.


Biografía del Capitán de Caballería y Pintor don Juan de Dios del Carmen de Ingunza y Basualdo.-


Este notable artista republicano, nació en la ciudad de Huánuco el 18 de junio de 18231, tal como se verifica en la transcripción de su partida de bautizo que reproducimos a continuación:

Partida
“ En esta Iglesia Paroquial de Huánuco, en veinte y dos días del mes de
“ junio de mil ochocientos veinte y tres; yo el infrascrito cura y vicario,
“ exorxisé, puse óleo y crisma a Juan de Dios del Carmen de edad de
“ cuatro días, a quien le hechó el agua del bautismo el Presbítero Don
“ Mariano Huydobro; es hijo legítimo de Don Francisco Ingunza y de
“ Doña Teresa Basualdo; fué su padrino el R.P Prior de San Juan de Dios
“ Fray Francisco Ariza, siendo testigos Don Gregorio Retes y Mariano
“ Retes, de que certifico.- (Fdo.): Manuel de Herrera”.

Fué el décimo quinto hijo del matrimonio conformado por el español (vasco) don Francisco Esteban de Ingunza y Zamácola y la dama huanuqueña doña María Teresa Basualdo Figueroa; su crianza en su ciudad natal, estuvo a cargo de su padre y hermanos mayores, ya que su madre falleció cuando el niño tenía sólo dos años y medio de edad; su educación estuvo a cargo de preceptoras y luego en el “Colegio de la Virtud Peruana” de Huánuco2, que al final del siglo pasado se llamó “Colegio Nacional de Minería”, y a partir de 1932 “Colegio Nacional Leoncio Prado”. La buena preparación que recibió, incluyendo el conocimiento de idiomas extrajeros, le permitió luego viajar, educarse y trabajar con éxito en el Viejo Continente.

(1) Parroquia El Sagrario, de Huánuco.- Libro de bautizos que empezó el 25 de setiembre de 1822, año 1823, foja 42.
(2) Varallanos, José.- “Historia de Huánuco”. Año 1959, 672 págs., impreso, ilustrado; ver pág. 542. Imprenta López, Buenos Aires, Argentina.


Desde su juventud demostró especial inclinación por las artes, principalmente la pintura y el canto operático; fué un excelente cantante aficionado y mucho mejor pintor de escuela, además que su temperamento intranquilo y vivaz hacía que tomara interés por los más diversos aspectos de la actividad humana. Se inició como dibujante aficionado en Lima, bajo la orientación de los maestros don Francisco Javier Cortés y don José Ignacio Merino; este último había retornado de Europa exitosamente en 1838, y dirigió la “Academia de Dibujo y Pintura” hasta 1850, la que funcionó en las noches en el local de la Biblioteca Nacional.

Juan de Dios, simplemente “Juan” como lo llamaban, había ingresado al ejército desde los 17 años, siendo el único hijo que siguió la carrera de su padre don Francisco E. de Ingunza y Zamácola, que llegó al Perú en julio de 1806 con el grado de Teniente, haciendo su carrera militar en la ciudad de Huánuco, donde llegó a ostentar los galones de Teniente Coronel de los Reales Ejércitos Españoles, hasta que se produjo la independencia del Perú en 1821. Su hijo Juan logró muy pronto la clase de Teniente de Caballería, en la que permaneció hasta comienzos del año 1849, en que solicitó licencia por tiempo indefinido, después de dedicar ocho años a la carrera de las armas, siendo indemnizado por el tiempo de servicios cumplido3.

Aprovechando que su hermano primogénito don Francisco Esteban (1º-1-1808 / 19-3-1886) estaba recorriendo Europa y el Medio Oriente, viajó a darle el encuentro en Italia, donde quedó a radicar por varios años cautivado por el esplendor de Florencia, donde aprendió el arte de la pintura en la “Academia delle Belle Arti” que gozaba del mayor prestigio, bajo la orientación de los mejores maestros de ese entonces, y observando diariamente la impresionante colección de cuadros antiguos de los mejores artistas, hasta convertirse en un eximio pintor profesional. Allí subsistió gracias a los periódicos envíos de dinero que le hacía su padre, que incluso los previó en su testamento para después de su muerte4; sin embargo, tales remesas de dinero no fueron suficientes, viéndose obligado a servir de marinero en las travesías de mar, o haciendo largas caminatas en condiciones difíciles para trasladarse entre pueblos.
Don Juan permaneció en Italia y otros países europeos cerca de ocho años, hasta que regresó al Perú a fines de 1856, trayendo consigo toda su obra pictórica. Gobernaba en ese entonces el Perú, el Gran Mariscal don Ramón Castilla.

Ingunza, al aprender pintura en una Escuela tan rica como la florentina, siguió el ejemplo de los grandes maestros, inclinándose por el estilo del florentino Francesco Furini, quien a su vez fué admirador del maestro veneciano Vecellio Tiziano, con sus personajes femeninos voluptuosos y de cuerpos robustos. El Tiziano fué sin duda, el más ilustre discípulo de Bellini5 y de Giorgione, aunque con mayor expresión y un inolvidable y mágico juego de palpitantes claroscuros, donde las sombras y los haces de luz diseñan formas casi milagrosas, con contrastes de colores fabulosos, que demuestran en sus cuadros acentuadas técnicas del color y el espacio. Esto explica, en síntesis, la técnica pictórica lograda por Juan de Ingunza y la razón por la que obtuvo un lugar destacado entre los mejores pintores peruanos de su época.

3 Ministerio de Guerra y Marina.- “Memoria del Ministro de Guerra y Marina al Congreso del Perú”. Año 1847, documento Nº 6; Año 1849, documentos Nos. 3 y 4, impresos. Lima.
4 Notaría de don José Benito Yllánez.- Año 1852: “Testamento otorgado por don Francisco Esteban de Ingunza y Zamácola con fecha 2 de enero de 1852”; escritura Nº 59; cláusula octava. Archivo General de la Nación, Lima.

Cumplido en gran parte su anhelo artístico, Juan de Ingunza deseó regresar a su patria y continuar con su carrera artística, tal como lo atestigua el petitorio que dirigió a la Convención Nacional con fecha 16 de mayo de 1857, solicitando una pensión alimentaria por el término de dos años, para completar sus estudios de pintura y dibujo lineal en Europa, prometiendo a cambio dedicarse a la docencia a su regreso, solicitud que no fué aprobada6, por lo que se vió obligado a continuar con su carrera militar reingresando a prestar servicios profesionales en el Ejército con el grado de Teniente, siendo promovido muy pronto y alcanzando los galones de Capitán efectivo de caballería con fecha 18 de agosto de 1857, continuando en la carrera castrense7 hasta noviembre de 1865 en que pidió su baja, coincidiendo con el derrocamiento del gobierno del General don Juan Antonio Pezet. Existen testimonios de haber prestado servicios como ayudante (agregado militar) en la Legación del Perú en Londres elaño 1858, permaneciendo en Roma dedicado a la pintura8. En sus momentos libres continuó con el arte de la pintura, reproduciendo obras de famosos artistas en base a grabados que trajo de Europa, o haciendo retratos a familiares y personas que requerían sus servicios, debido a que la fotografía o daguerrotipo había llegado a Lima en 1842 y su empleo era limitado a retratos de pequeña dimensión. Considerando las dificultades políticas y económicas que se vivían en aquella época, poco propicia para subsistir del arte, Juan de Ingunza decidió viajar a París pensando perfeccioarse y dedicarse plenamente a la pintura9.

5 Giovanni Bellini, es el más importante pintor veneciano del siglo XV y abre el camino a Giorgione y Tiziano, quienes convirtieron la pintura veneciana en un mundo de color y tonalidades.
6 Biblioteca Nacional del Perú.- Sala de Investigaciones; fichero de manuscritos onomásticos, documento D8917, Lima, 1857.
7 Ministerio de Guerra y Marina.- “Memoria del Ministro de Guerra y Marina al Congreso del Perú”. Año 1858, documento Nº 2, pág. XVII; Año 1860, documento Nº 4, página XX; Año 1862, documento Nº 2, página XXV; Año1864, documento Nº 1, pág. XXIV. Impresos, Lima.
8 Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.- Catálogo del Archivo Hist. Militar, tomo XXXVI, carpeta Nº 59, legajo 16, Nº 64: 30 agosto 1858. Lima.
9 Milla Batres.- “Diccionario Histórico y Biográfico del Perú – Siglos XV-XX”.- Tomo V, págs. 71-72, 1986, Lima, Perú: JUAN DE DIOS INGUNZA (texto de Luis Eduardo Wuffarden).

Don Juan de Dios de Ingunza conoció en 1848 aproximadamente, a la dama limeña doña María Manuela Bautista Vargas, nacida el 6 de agosto de 1827(10) e hija de don José Bautista y doña Juliana Vargas, con la que procreó a su única hija llamada María Lucrecia de Ingunza y Bautista, nacida en Lima el 21 de abril de 184911, la que fue criada en forma exclusiva por su madre, por lo menos en su menor edad. A los 16 años de edad (diciembre de 1865), María Lucrecia fué llevada por su padre a París, donde fijó su residencia, desarrollando su profesión de pintor a la vez que incursionaba en nuevas técnicas del arte de la pintura y contemporizaba con los maestros a los que se encontraban vinculados los pintores peruanos residentes en la capital francesa; con el mismo objetivo viajó a Italia y a las principales capitales de Europa, logrando obtener apreciable calidad artística, comparable a la de los peruanos Francisco Laso y DanielHernández –al decir de su hija y familiares que lo frecuentaron-, aunque influenciado por el romanticismo tan en boga en aquella época, y en la obra del florentino Francesco Furini (1600 – 1649). Algunos comparan la obra de su primera etapa con la del maestro don José Gil de Castro, -retratista del máximo prestigio durante la emancipación de Chile y Perú-, debido al vigor y robustez que dá a los personajes12, aunque la técnica y el estilo es diferente, por haber sido de Castro autodidacta 13. Comentaristas de arte lo han catalogado como un gran retratista, maestro del claroscuro14.

Dos ex – Directores de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, se han manifestado en los términos siguientes:

“ Fué un vigoroso pintor, de buen dibujo, excelente colorido y
“ manejador certero de la forma. En el arte peruano del siglo
“ pasado, Juan de Dios de Ingunza tiene un lugar sobresaliente.”
Juan Manuel Ugarte Eléspuru.

“ Es un pintor intersante... que mantiene
“ un cierto vigor ingenuo a la manera de
“ Gil de Castro y modela sus figuras con
“ la robustez de ese maestro.”
Teodoro Núñez Ureta.

10 Parroquia de San Sebastián, de Lima.- Libro de bauitizos Nº 12, año 1827, foja 69.
11 Vice-Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (Huérfanos), de Lima.- Libro de bautizos Nº 12, Año 1849, foja 158.
12 Lavalle., José Antonio de y Werner Lang.- “Pintura Contemporánea: Primera Parte, 1820-1920”. Banco de Crédito del Perú en la Cultura. Coleccón “Arte y Tesoros del Perú”. Pág. 102-109; 196 págs; 1975, Ed. Santiango Valverde, S.A., Lima, Perú.
13 Mariátegui Oliva, Ricardo.- “José Gil de Castro”. 282 págs., ilust., 1981. Emp. Edit. Litog. “La Confianza” S.A., Lima, Perú.
14 Diario “La Crónica”.- Nº 22, 929. Suplemento Dominical. Lima, Domingo 9 de marzo de 1958, Pág. 8. Nuestros Artistas y su Obra: “Juan de Dios Ingunza”.

Ya hemos explicado a qué Escuela se debía Juan de Ingunza, por lo que nos relevamos de mayores comentarios al respecto. Llamamos sí la atención de los lectores interesados, debido a que gran parte de lo que se ha escrito sobre este artista, está errado12 15 16 17.

Como hemos visto, Juan de Dios de Ingunza tuvo tres etapas en su vida artística, de las cuales sólo conocemos las dos primeras, que comprenden: su inicio en el Perú, periodo desde que llegó de Italia hasta su viaje a París, o sea nueve años; el tercer periodo, desarrollado principalmente en la Ciudad Luz, es totalmente desconocido y sólo llegaron hasta la familia algunas referencias verbales. En sus primeras etapas fue copista o se inspiró en los grandes maestros italianos, en especial los de la Escuela Florentina, a los que añadió otras obras al óleo sobre lienzo de su propia inspiración, entre las que figuran retratos (autoretratos, el de su padre y hermanos, etc.), desnudos (Hebe, etc.), bodegones y vanitas, paisajes, motivos religiosos (Capuchino leyendo, San Francisco, Velorio de San Francisco, etc.), mujeres bonitas (mujer con moneda, La Magdalena, etc.), etc., las que áun pueden admirarse en el Museo de Arte, Museo Nacional de Historia, Palacio Municipal y residencias particulares de la ciudad de Lima, en Santigo de Chile y hasta en Bilbao, Vizcaya, donde existen dos óleos en casa de la familia de Ybarra.

Por el Diario Decano de nuestra capital18, nos enteramos que la primera vez que Lima vió una “Exposición de pinturas, ocurrió el 7 de agosto de 1860, en que se exhibieron 58 cuadros de artistas peruanos en su mayor parte; de Ingunza no participó en esta exposición, pero sí en la segunda que se efecuó en setiembre de 1861, en la que exhibió varios cuadros19; sin embargo él exhibió particularmente un retrato al óleo del negro Sánchez, en enero de 1858, en la vidriera del establecimiento musical del Sr. Inocente Ricordi, ubicado en la calle de Mercaderes Nº 265, altos20, por lo que suponemos que fué pionero en esos menesteres. En abril de 1885, sus cuadros: “Autorretrato”, “Hebe” y “La Peste de Florencia en 1348”, figuraron en exhibición en la galería de pinturas de la Biblioteca Nacional, cuando se encontraba en plena reorganización a cargo de don Ricardo Palma, luego del despojo producido por el ejército invasor chileno21 : luego, esos cuadros pasaron a conformar la Pinacoteca de la Municipalidad de Lima22 23 24, a la que fueron donados por la familia a través de la Sociedad Administradora de la exposición, que a nombre del Gobierno se encargó de inventariar y re-equipar el Palacio de la Exposición, durante el gobierno de la reconstrucción, después del vandálico despojo a que fué sometido por el Ejército de ocupación chileno, durante la guerra con ese país.

15 Museo de Arte.- “Boletín de Actividades”. Año IV, Nº 41. “Juan de Dios Ingunza”, 1824-1874”. Mayo 1983, Lima, Perú.
16 Diario Oficial “El Peruano”.- Lima, Miércoles 20 de julio de 1983, Pág. 4. El Peruano Cultural: Exposición Homenaje a Ingunza.
17 Diario “El Comercio”.- Lima, Martes 8 de setiembre de 1987, Pág. C-8- Colección Escolar de Pintura Peruna Nº 25.- Epoca Republicana: Juan de Dios Ingunza (1824-1874).
18 Diario “El Comercio”.- Lima, Sábado 19 de octubre de 1957, pág. 2: columna “Primicias Nacionales”.
19 Diario “El Comercio”.- Lima, miércoles 18 de setiembre de 1861, “Exposición de Pinturas”.
20 Diario “El Comercio”.- Lima, viernes 15 de enero de 1858, “Exposición de Pinturas: el negro Sánchez...”

Cien años después, en los meses de julio y agosto de 1983, el Museo de Arte organizó la exposición de una muestra pictórica de Juan de Dios de Ingunza, que aunque sólo exhibió sus obras: “Autorretrato”, “La Magdalena”, “Bodegón” y “San Francisco”, sirvió para rescatar del cuasi anonimato al artista que biografiamos25 26 27. Del 23 de mayo al 22 de junio de 1986, la Municipalidad de Lima organizó la muestra pictórica denominada “Pintores Peruanos del Siglo XIX” en su galería de arte “Pancho Fierro”, en la esquina de la Plaza de Armas y el Pasaje Santa Rosa, donde al lado de pinturas de Merino, Laso, Hernández, Castillo y Bacaflor, se exhibieron los cuadros “Hebe” y “Autorretrato” de Juan de Dios de Ingunza28 29 30. La visita del público fue masiva. A continuación consignamos aspectos relacionados con la vida familiar del artista.

21 Diario “El Comercio”.- Lima, viernes 1º de mayo de 1885, pág. 2.
22 Diario “El Comercio”.- Nº 18,365. Lima, miércoles 4 de enero de 1893, pág. 3.
23 Concejo Provincial de Lima.- “Lima en el Primer Centenario de la Independencia del Perú”. 264 págs.. Ver págs. 132 y 134. Lima, 28 de julio de 1921. impreso, ilust.
24 Concejo Provincial de Lima.- “Memoria 1956-1958”. 94 págs..Ver págs. 59 y 60. impreso, Lima, 1959.
25 Diario “El Comercio”.- Suplemento Dominical. Lima, Domingo 12 de junio de 1983, pág. II.
26 Diario “El Comercio”.- Suplemento Dominical. Lima, Domingo 14 de agosto de 1983, pág.II.
27 Museo de Arte.- “Boletín de Actividaes”. Año IV, Nº 43. Muestra temporal de Juan de Dios de Ingunza. Julio de 1983, Lima, Perú.
28 Diario “El Comercio”.- “Pintores peruanos del siglo XIX”. Lima, Domingo 25 de mayo de 1986, pág. C-13.
29 Municipalidad de Lima.- “Pintores Peruanos del Siglo XIX”. Galería de Arte Pancho Fierro, 23 de mayo al 22 de junio de 1986. Folleto ilustrativo, Lima, Perú.
30 Bernuy Guerrero, Jorge.- “Excelente muestra de un siglo trascedente”. El Comercio.- Lima, Sábado 7 de junio de 1986, pág. C-13.

Quienes velaron por la formación y estimularon la actividad artística de Juan de Dios, fueron en primer término su padre, que le asignó una pensión adecuada mientras permaneció en Europa, y posteriormente, su hermano primogénito don Francisco Esteban, en ese entonces Vocal de la Ilustre Corte Superior de Justicia de Lima, quien a su elaborada cultura unía una apreciable fortuna, convirtiéndose en mecenas de su hermano; en efecto, el pintor llevaba costantemente sus cuadros para venderlos a su hermano, el que los adquiría por ser de gran valor artístico, aunque a regañadientes, porque sabía que Juan de Dios empleaba gran parte del dinero que obtenía por su arte, en reuniones de bohemia. Es necesario puntualizar que cuando viajó a Europa por tercera vez, ya era un pintor de nota, si tenemos en cuenta que toda su obra quedó en Lima y es de excelente factura. Al llegar a París, Juan de Dios contó con el apoyo de los prominentes amigos que habían dejado él en 1856, y su hermano Francisco Esteban en 1853, donde este último editó su obra “Viajes por el Oriente”, que mereció la aprobación de reyes y eruditos. Cuando emprendió su último viaje de regreso al Perú, después de seis años de permanencia en Europa, su obra quedó en París y prácticamente se desconoce el resultado de su segunda etapa como artista. Algunos de sus descendientes dicen haber visto un cuadro firmado en exposición, en el Museo del Louvre.

Su hermano Francisco Esteban conservó en su casa-quinta, ubicada junto a la Plaza de Toros de Acho, en Lima, una galería con unos 35 óleos, 10 bocetos y algunos grabados, hasta poco antes de su fallecimiento en marzo de 1886, los que dejó en herencia a sus cuatro hijos y obsequió a sus familiares y amigos íntimos antes de fallecer. Lamentablemente, los beneficiarios no supieron valorar debidamente tan excepcional legado, y las obras fueron pignoradas o vendidas por sumas irrisorias en su mayor parte, u obsequiadas a instituciones estatales y a la iglesia, en los mejores casos. Según relatan los anticuarios, sus óleos circularon en Lima entre 1930 y 1950, pero tenían poca demanda debido a que la mayoría contenían motivos religiosos lúgubres y en algunos casos tétricos, que los hacían inadecuados como elementos de decoración.

Don Juan de Ingunza viajó mucho por Europa con su hija doña María Lucrecia, viviendo como compañeros inseparables y para no tener problemas en el ingreso a los lugares reservados para caballeros o personas mayores donde ellos asistían, siempre la hacía vestir como hombre, aparentando ser un muchacho o un joven. Gracias a esta costumbre, su hija Lucrecia nos trasmitió algunas anécdotas de su padre, que reflejan su personalidad, sus magníficas dotes de pintor y las vicisitudes económicas por las que tuvieron que atravezar en ocasiones, durante su estadía en París. Una de tales anécdotas nos narra que, habiendo llegado el momento de pagar la cuenta en un restaurant, el pintor carecía del dinero suficiente y antes de pasar un mal momento, optó por pintar unas monedas en un plato, con tal fidelidad y rapidez, que pasó desapercibido para el mozo y pudieron retirarse sin ningún contratiempo. El dueño del restaurant, lejos de molestarse, puso el plato en exhibición durante un buen tiempo, jactándose de poseer una obra de arte singular. Otra de tales anécdotas nos refiere que, en una oportunidad y encontrándose en una reunión de caballeros, el pintor quiso gastarse una broma con uno de los concurrentes, para lo cual sustituyó una capa del perchero por una pintura idéntica en la pared, lo que puso en situación incómoda al propietario de la prenda y fué festejado por los demás concurrentes, amén de los comentarios que posteriormente se continuaron haciendo.

Don Juan de Dios se preocupó que su hija recibiera esmerada instrucción complementaria en Europa, internada en colegios para señoritas y viajando en las vacaciones. Contaba la joven 22 años de edad y se encontraban en París, cuando decidieron retornar a Lima, conociendo el auge económico que se empezaba a vivir bajo el gobierno del Coronel José Balta, pero en la travesía don Juan de Dios fué atacado por la fiebre amarilla, cuyo contagio contrajo en uno de los tantos puertos en que tocó el buque que los conducía, falleciendo en el último trimestre de ese año de 1871 en plena navegación por el Océano Atlántico, entre las Antillas y Brasil, siendo sus restos amortajados y sumergidos en el mar. Su hija Lucrecia llegó agobiada de pesar al Callao, conduciendo solo su ajuar personal, no trayendo ni heredando obra de arte de su padre.


Galeria

 

Autorretrato 1
(en el Museo de Arte, Lima)
85 x 65 cm.- 1856
Don Francisco Esteban de Ingunza y Zamácola
76 x 63 cm.- 1858
Don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo
81 x 64 cm.- 1856
Dr. Manuel Ernesto de Ingunza y Basualdo
100 x 70 cm.- 1858
Gral. Norberto Eléspuru y Martínez de Pinillos
116 x 80 cm.- 1865
Coronel don Eduardo Lùcar y Torre:
Primer Alcalde Mayor y Gobernador Patriota de Huánuco

97.5 x 83.5 cm.- 1843
Dña. Juana Toribia Lúcar y Crespo de Figueroa
con su hija Cecilia Mercedes Figueroa Lúcar

100 x 77.5 cm.- 1843
La Magdalena
71 x 59 cm.- 1855
Hebe
105 x 72 cm.- 1856
Flora
80 x 65 cm.- 1855
Capuchino leyendo
76 x 61 cm.- 1856
San Francisco
60 x 48.5 cm.- 1860
La Peste de Florencia en 1348
99 x 130 cm.- 1855
La Muerte de San Francisco
89 x 106 cm.- 1860
Bodegón
50 x 62 cm.- 1860
Bodegón
65 x 116.5 cm.- 1840
Puente de Ambo, Huánuco
34 x 47.5 cm.- 1860
Vanitas
44 x 52 cm.- 1859